La política gay masculina ha sufrido históricamente de fraccionalismo. ¿Podría ser esto un síntoma de la competitividad entre hombres? ¿Y por qué ha sido tan difícil involucrar políticamente a los hombres gay? ¿Es posible que todo el gran sexo que hemos tenido durante la última década haya desviado nuestra ira colectiva, que de otro modo podría haberse traducido en acción social y política?
La comercialización de la cultura gay masculina urbana hoy nos ofrece lugares para ir a enfermarnos y lugares para ir a tratarnos. Con demasiada frecuencia, muchos hombres gay se reúnen por solo dos razones: para explotarse mutuamente y para ser explotados.
El sexo y la “promiscuidad” se han convertido en el dogma de la liberación gay masculina. ¿Hemos modificado la creencia de que podríamos bailar hacia la liberación en la creencia de que de alguna manera podríamos follar hasta alcanzarla? Si el sexo es liberador, ¿más sexo es necesariamente más liberador?
Ciertamente se ha vuelto más fácil follarnos unos a otros. Pero, ¿se ha vuelto más fácil amarnos? El amor entre hombres fue la base de la liberación gay masculina, pero ahora hemos creado “instituciones culturales” en las que el amor o incluso el afecto pueden ser totalmente evitados. Incluso por una sola noche, –uno no querría hacer daño al otro.
Quizás el afecto sea nuestra mejor protección.
Preguntas difíciles para tiempos difíciles. Pero,¿qué pasó con nuestras grandes imaginaciones gays?
ALGUNOS PENSAMIENTOS FINALES
La fiesta que fueron los años 70 ha terminado.
Llevar la ignorancia a los baños y a los cuartos oscuros no es libertad sexual —es opresión.
