Richard Berkowitz

AMOR

Fue un verdadero shock para nosotros darnos cuenta de que habíamos escrito casi 40 páginas sobre sexo sin mencionar la palabra “amor” ni una sola vez. En verdad, hemos quedado expuestos como productos de los años 70.

Se ha vuelto anticuado referirse al sexo como “hacer el amor”. ¿Por qué será?

Si la revolución sexual que comenzó en los años 60 confirmó algo, fue que el sexo y el afecto —el sexo y el amor— no son necesariamente lo mismo. El concepto de “sexo recreativo” ha ganado aceptación generalizada.

Al mismo tiempo, como han demostrado los crecientes brotes de enfermedades de transmisión sexual, hay ciertos efectos secundarios desafortunados (¿e imprevistos?) cuando el amor y el afecto se separan tanto del sexo.

Sin afecto, es menos probable que te importe tanto si le transmites una enfermedad a tus parejas. Durante los años 70, se fomentaba la fantasía. Tener sexo con personas que no conocías — y que no querías conocer — se justificaba como algo personalmente significativo, aun que no lo fuera en el plano interpersonal. Dicho de otro modo: ¿la cultura gay masculina de los años 70 nos animó a sustituir la fantasía del hombre que sosteníamos por su realidad?

Los hombres gays somos socializados primero como hombres; nuestra socialización como gays viene después. Desde el día n que nacemos se nos entrena como hombres para competir con otros hombres. El reto que enfrentan los hombres gays en Estados Unidos es aprender a amar a alguien a quien se nos ha entrenado para “destruir”.

El objetivo de la liberación gay masculina debe ser encontrar formas en las que el amor sea posible, a pesar de la presión constante —y muchas veces abrumadora— de competir y adoptar relaciones de adversarios con otros hombres.

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